Espacios naturales y edificación

Sobre Av. del Libertador se encuentra el área de bosque con todas especies traídas de distintos puntos del país y del mundo como Araucarias, Palmeras casi centenarias, Castaña de la India, Jacarandas, Cipreses, Cedros, Robles, Magnolias, Olivos, Palmera Cica entre otras especies.

En tanto en el bajo se dispone de 10 Ha. de verde grava para los sectores deportivos. También hay un gran numero de árboles que conforman grandes sombras para los caminos internos.

Finalmente el área verde que se ubica sobre las barrancas cuenta con Tipas y Paraísos de grandes copas, también se encuentra allí el mirador sobre una estructura elevada que permite una vista que se extiende profundo en las islas del Delta y Rio de la Plata en un marco particular por la cantidad de árboles que hay en el bajo de San Isidro.
Anteriormente a la plantación de Av. del Libertador se encontraba una Quinta particular "San José" con grandes huertos que lindaban con otros del colegio. En tanto el bajo poseía una larga pista artificial de remo. Las Palmeras y los Cipreses alcanzan hoy en día más de 20 metros.

Edificación Histórica
A fines del siglo XIX el Dr. Plácido Marín hizo construir una quinta de veraneo en su predio de San Isidro. La finca estaba en las afueras de un elegante suburbio y tenía una superficie apenas mayor a doce hectáreas. Posteriormente fueron adquiridos terrenos que se incorporaron a la propiedad haciéndola llegar hasta el Río de la Plata. Las tierras entre la barranca y el río no eran consideradas para la construcción debido a las crecidas e inundaciones y actualmente en ellas se encuentra el campo de deportes. La extensión total de los dominios es de 19 hectáreas.

El castillo de la entrada era la residencia de esta quinta, la cual fue inspirada luego que el Dr. Plácido Marín visitara España. Después de la construcción de la misma hizo construir otro edificio aledaño, destinado a caballerizas y casa-habitación de los peones. En el frente del edificio, en el extremo sudoeste, se levanta el torreón y en el extremo opuesto, en el ángulo nordeste, se ubica el amplio mirador.

La República Argentina tenía motivos para celebrar con orgullo en 1910 el Centenario de la Revolución de Mayo; también es el año de la fundación del Colegio Carmen Arriola de Marín.

El art nouveau era el arte de vanguardia, pero la mayor parte de las construcciones era realizada en una variedad de estilos historicistas, abordados con criterios más o menos eclesiásticos. Uno de los estilos vigentes era el neogótico, cuya pureza hacía tiempo que había perdido identidad, entremezclada con otros medievalismos y pintoresquismos. No sorprende que para la arquitectura de un colegio católico se haya apelado entonces a la metáfora medieval. La asociación de ideas entre el cristianismo y el gótico había sido desarrollada tempranamente por W. Pugin en 1835 y se transformó en un dogma para los arquitectos durante un siglo. El hecho, sin embargo, no deja de ser curioso tratándose en este caso de un edificio proyectado por la orden fundada por San Juan Bautista de La Salle, un verdadero innovador en materia educativa en los tiempos del Barroco. Es probable que, más allá del ideal de Pugin, en este caso haya influido la preexistencia del solar del castillo que fuera residencia veraniega de Plácido Marín y su señora, Andrea Ibáñez de Marín.

El Esquema tipológico adoptado respondió al tipo claustral, con cuatro cuerpos de edificación rodeando un patio, solución comprensible tratándose de un colegio con internado. El criterio decorativo mantuvo una asociación de ideas con el medievalismo del castillo, pero la estructura espacial respondió a una geometría simple y pura. Solamente la capilla adquirió fisonomía propia, hecho coherente con el programa arquitectónico y con la jerarquía del templo. Apreciado en la actualidad, nada parece sorprender al visitante, excepto por el placer que produce la armonía de las proporciones del espacio del patio.

Con los años la edificación se fue extendiendo, por 1958 se rellenó parte del bajo, hacia 1960 se construye el puente de 155 metros sobre las vías del Tren del Bajo, actual De La Costa. En 1967 se rellenó el lago que es encontraba en el bajo y se empezó a formar el campo de deportes actual.