Historia del Colegio Cardenal Spínola

A principios de la década del ´50 tanto la Madre Spínola, que actuaba como Delegada de la Madre General, como Madre Teresita deseaban establecer un colegio propiedad de la Congregación en Buenos Aires, donde se impartieran estudios Primarios y Secundarios, ya que en el Plácido Marín, de Capital Federal, la enseñanza era a nivel de profesiones femeninas, como corte y confección, bordado a máquina y a mano, tejido, Dactilografía, Taquigrafía, cocina y, por supuesto las correspondientes catequesis y charlas formativas; pero las religiosas deseaban poder comenzar la formación de las chicas desde Primario.

Con estos deseos buscaban casa apropiada por diversos lugares, e incluso por lo alrededores de Buenos Aires, sin encontrar algo que les satisfaciera.

Y aquí damos entrada en nuestra historia a alguien muy vinculado con la Congregación en la Argentina. Se trata del portero del Plácido Marín, Ismael Paz, portero que estaba en el colegio desde su fundación.

Gallegos de nacimiento, Ismael y su esposa Carmen, a pesar de llevar muchos años fuera de su territorio, no han perdido su peculiar acento. Ellos habitaban en una dependencia del colegio con su hijo Héctor, un niño que en aquellos años se pasaba mucho tiempo jugando al lado de las Hermanas.

Ismael tenía un amigo panadero instalado en La Avenida centenario de San Isidro, y un día que fue a visitarlo, el amigo le preguntó si todavía estaba de portero con las monjas. El le comentó que andaban buscando una casa para poner otro colegio, y el panadero le dijo que allí cerca había un asilo de ancianas donde él había llevado siempre el pan, pero que hacía algún tiempo estaba cerrado y en venta.

Ismael se lo comunicó a Madre Teresita. Ella, aconsejada por Madre Spínola, fue a hablar con Monseñor Roca, Vicario General en la Arquidi6cesis de Buenos Aires, el cual al recibirla, con gran expresión de alegría le dijo: “ Me estaban revoloteando Vds. por la mente, porque hay en San Isidro un Hogar de ancianas que atendían las Franciscanas y está desocupado. Es un edificio muy a propósito para adaptarlo a colegio. Vayan a ver al Dr. Fonrouge, que es el abogado encargado de la venta.”

Enseguida fueron a visitar la casa y la encontraron en un estado de abandono lamentable. Hacía unos 6 o 7 años que se habían marchado las Franciscanas, quedando unas pocas ancianas; por lo tanto se encontraba toda en pésimo estado: vidrios rotos, puertas desvencijadas, suciedad e incuria por todos lados, y el jardín era un erial donde abundaban los caracoles.

Sin embargo, les pareció tanto el lugar como el edificio apropiados para lo que pretendían, por lo que enseguida se iniciaron los trámites oportunos para la adquisición. Al mismo tiempo comenzaron una novena a Santa Teresita, pues necesitaban los medios económicos para comprar la casa.

No tardó en experimentarse la protecci6n de la Santa, que se la aseguró por medio del “prodigio de la rosa”. Efectivamente, un día de la novena que iban Madre Teresita, acompañada por M. Salvadora, a casa del Dr. Fonrouge, se encontraron cerca de la casa del Doctor con una pareja. La chica llevaba una rosa en la mano y al ver a las religiosas se volvió y se las entregó diciéndoles “Uds. la utilizarán mejor que yo.” Ellas la colocaron junto al Sagrario de la capilla de Marín y allí estuvo hasta que finaliz6 la novena.

Autorizadas ya por la superiora General para comprar la casa y enterada de la necesidad que padecían para llevar a cabo la compra, les prometió ayudarles y así lo hizo contribuyendo con un millón de pesetas, que ella misma trajo cuando vino a realizar la segunda visita en mayo de 1952.

Con esta cantidad, equivalente a 500.000 $ entonces, más lo percibido por la venta de la casa de San Javier y alguna ayuda que dio la casa de San Carlos, se pudo realizar la compra.

La misma M. Anunciata dirigió una solicitud al. Arzobispo de La Plata, de cuya arquidiócesis dependía entonces San Isidro, en la que le “suplica tenga a bien autorizar para que el expresado Instituto pueda adquirir una casa en la localidad de San Isidro, calle Alsina 600, antiguo Asilo para Ancianas y Jóvenes sin Hogar, con el fin de instalar en ella un colegio, llamado Cardenal Spínola en el cual se pueda impertir enseñanza primaria, secundaria, comercial, etc..”

Al día siguiente, 20 de Mayo, se recibe la respuesta del Arzobispo:

“... en cuanto a Nos atañe la autorizamos a adquirir la casa de la calle Alsina 600 en San Isidro para tal fin, pero que, terminada la operación financiera, y antes de instalarse en la finca, ha de solicitar previamente el correspondiente decreto de erección de la nueva casa religiosa y del oratorio semipúblico...”

Teniendo la plata, todo se hizo rápido, el contrato de compra venta entre el Instituto “Esclavas Concepcionistas”, representado por las Reverendas Madres Enriqueta Flores (Madre Spinola) y Josefa Carrera Aleu (Madre Teresita), Presidenta y Secretaria, respectivamente del Instituto, como comprador, y el Doctor Julio César Fonrouge, como apoderado de la “Casa San José para Ancianas y Jóvenes sin Hogar” lleva fecha 21 de Mayo, y en el mismo figura el valor de la venta por 600 000 $ m/n de curso legal.

Junto con este contrato de compra venta se suscribió un convenio de igual fecha por el cual el Doctor Fonrouge hace entrega de la posesión “libre de ocupantes, inquilinos e intrusos”.

El 24 de junio se dirige M. Teresita a Monseñor Solari y le pide la erección canónica de la casa religiosa y del oratorio semipúblico, al mismo tiempo que le propone como capellanes a los P. P. Salesianos del cerca colegio de Santa Isabel. A todo esto accede al Arzobispo, que envía el decreto de erección con fecha 25 de Junio.

Cuando se fue a firmar la escritura en los primeros días de enero de 1953 hubo un ajuste en el precio de venta, ya que se dedujo de los 600 000 $ estipulados, el importe de una subvención otorgada por el Gobierno de la Nación para la construcción del edificio objeto de la venta, subvención que alcanzaba a la suma de 259 000 $ moneda legal, que dando por consiguiente reducido el precio de compra a 341 000 $ en lugar de los 600 000 $. Este documento esta suscrito por el Doctor Fonrouge y por M. Spínola y M. Teresita y lleva la fecha 9 de Enero de 1953.

Se comenzó limpiando la casa que, como hemos dicho, estaba extremadamente sucia, hasta el punto de quedar ocultas las bañaderas por tierra sacada por las hormigas. Desde Marín iban las religiosas a esta tarea y hasta les ayudó un grupo de alumnas como Pepita Alagia, Santina Calabresi y otras. Ismael también colaboró en la limpieza y en pequeñas refacciones.

Las primeras moradoras fueron m. Teresita y m. Salvadora que se quedaron allí una vez instalado el Stmo. Sacramento el 17 de Junio, para comenzar las obras. Progresivamente se fueron agregando otras religiosas como M. Spínola, M. San Lorenzo, H. Agnus Dei, y en Octubre M. Aurelia para hacerse cargo de Jardín de Infantes con 18 niños (mixto), con anuncio del futuro curso 1953 en que comenzarían las clases normales hasta tercer grado.

En Diciembre de ese año, el día 3 llegaron M. Luján, M. Santa Clara y H. Visitación a las que se les añadió en Enero M. Filomena y en Marzo M. Coral y H. San Carlos recién llegadas las dos de España.

El colegio fue muy bien acogido por las familias de la zona, viniendo a él incluso desde Olivos, San Fernando y Boulogne. Al principio, la escasez de medios económicos y los gastos eran grandes, por lo que las religiosas tuvieron que vivir con mucha austeridad que fue llevada con buen espíritu y hasta con gracia, como lo demuestran los siguientes versos que compuso M. Santa Clara:

“comeremos yuyos, beberemos luisa, y antes de acostarnos raciones de risa”

Con grandes esfuerzos comenzó la construcción de la parte que se dedicaría a Secundario, con fachada por la calle Maestro Santana. Se hizo cargo de la obra el Señor Menacho, padre de una alumna. También se compró una rural Mercedes Bentz, que manejaban M. Teresita o M. San Lorenzo y que servía principalmente para trasladar alumnas que vivían mas distantes. Cuando fue aumentando el alumnado, se le adjudicó el servicio de transportes a la Empresa Antón, vecina del colegio.

Estos fueron los principios del Colegio Cardenal Spínola. Hoy, con su hermosa iglesia y gimnasio, con su laboratorio moderno, y su alegre vivienda para la comunidad, queda muy lejos y casi olvidado del viejo “Asilo para Ancianas y Jóvenes sin Hogar”